Por Brenda Lozano x CPN + #NikeVozHermana
Hubo un tiempo en el que a las cosas que están adentro de los libros se les empezó a llamar literatura. Hubo un tiempo en el que a la palabra Literatura se le puso una L mayúscula. Hubo un tiempo en el que solo había escritores hombres blancos. Hubo tiempo para construir las torres para que los escritores hombres blancos escribieran las cosas que están adentro de los libros. Hubo un tiempo en el que gente correteaba gansos para que los escritores escribieran las cosas que están adentro de los libros con plumas de ganso. Hubo un tiempo en el que los finales de los libros eran finales felices o finales tristes. Por eso hubo un tiempo para inventar los pañuelos para llorar los finales tristes.
Hubo un tiempo oscuro en el que los personajes que están adentro de los libros se dieron cuenta de que no podían ver más allá del libro empastado con pieles de animales porque los escritores blancos dominaban las historias como a los animales. Hubo un tiempo para poner letras doradas en los títulos de los libros porque ese es el color del oro y del poder. Hubo un tiempo para ponerles letras doradas a los libros escritos por hombres blancos con apellidos con muchas letras. Pero también hubo un tiempo en el que una mujer hizo un poema, y luego otro y luego otro, y hubo un tiempo en el que esa poeta bailó el meneíto después de escribir un poema. También hubo un tiempo para darse cuenta de que la primera novela no la escribió un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme sino una mujer. También hubo un tiempo en el que la silueta de una monja fue el primer mapa de Latinoamérica y hubo un tiempo en el que las niñas que compraban mapas de Latinoamérica en las papelerías no sabían que esa era la silueta de una monja. Y hubo un tiempo para nacer niña morena. Hubo un tiempo para aprender a hablar español y para aprender a escribir un nombre de niña con una “a” al final y hubo un tiempo para aprender a hablar en “efe” en tercero de primaria.
Hubo un tiempo adolescente para escuchar varias veces la misma canción y hubo un día para descubrir que al lado del estéreo había libros que adentro tenían las cosas hechas por hombres blancos con apellidos con muchas letras. Hubo un tiempo de no creer que se podían hacer las cosas que están adentro de los libros porque no se es un hombre blanco con apellidos con muchas letras. Hubo un tiempo para desvelarse hablando por teléfono sobre esto con una amiga. Hubo un tiempo para emborracharse con caribe coolers y caguamas en un estacionamiento. Hubo un tiempo para fumar mariguana y pensar que ese era el final triste. Hubo un tiempo para escribir poemas y saber que nunca nadie los iba a escuchar porque no se es un hombre blanco con apellidos con muchas letras. Hubo para salir por más caguamas.
Hubo un tiempo para más inseguridades y hubo un tiempo para fiestas largas. Hubo un tiempo para llegar tarde a una clase con el pelo mojado y el corazón roto. Hubo un tiempo para hacer un poema sobre el corazón roto sabiendo que nunca nadie lo iba a escuchar. Hubo un tiempo para hacer otros poemas sabiendo que nunca nadie los iba a escuchar. Hubo un tiempo de no creer que siendo mujer morena con un apellido común se podía hacer un poema que alguien escuchara. Hubo un tiempo de no creer que siendo mujer morena con un apellido común se podía escribir algo que está adentro de los libros.
Y también hubo un tiempo para escribir esto y que se escuche sin ser un hombre blanco de apellido con muchas letras, sino siendo una mujer morena con un apellido común que baila bien las cumbias.