Las brujas como resistencia

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“Ligera como una pluma, dura como una tabla” se convirtió en un mantra para muchas adolescentes de los años noventa, en 1996, identificarse con una de las protagonistas de la película Jóvenes brujas / The Craft, cuatro chicas con diferencias que encontraban en la magia no sólo un espacio de sororidad, sino también de reivindicación de sus diferencias, era de lo más “cool”, no temíamos a las raras, porque las raras éramos nosotras. Las mujeres siempre hemos crecido acompañadas por las brujas, desde niñas, las vemos en las series, en las caricaturas, es más nos vestimos en la Noche de Brujas inspiradas en diferentes, desde Hechizada, Sabrina, la Bruja Adolescente – la de los noventa que era súper rosa-, pero en los últimos años, las brujas se han vuelto más que necesarias. 

Con la llegada de gobiernos identificados con características fascistas, principalmente, por la intolerancia hacia lo diferente al heteropatriarcado, y donde las mujeres con voz propia son vistas como “brujas”, es necesario, reivindicarnos con ellas. En efecto, “somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”, es por eso que en la cultura popular y, en especial, en la pantalla, desde el remake de series, como decíamos la nueva Sabrina, hasta el de películas clásicas como Suspiria (1977) resignificada por Luca Guadagnino en el 2018 o, The Witches de 1990 ahora en el 2020. Las brujas son una figura de resistencia. 

Las brujas son mujeres poderosas, eran capaz de sanar, de entender ese universo fuera de nosotros mismos, la primera bruja reconocida fue Hecate, la diosa de la magia y la astrología, y no fue sino hasta 1468, donde el término mostraba sus aspectos negativos en el libro Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas) del alemán Henrich Kramer, así en los siguientes siglos XVI, XVII y XVIII, la persecución de las mujeres solas, con dinero, con opiniones, fueron perseguidas y en muchas ocasiones asesinadas, recordemos el caso de las brujas de Salem en 1790. Sin embargo, en el siglo XIX comenzó un reclamo a la figura de la bruja con la llegada de las sufragistas. 

Para la generación milenial, hemos crecido con las más diversas brujas, pero con una característica: la reivindicación de los grupos minoritarios, pensemos en el #MeToo o en los grupos LGTB, recordemos una de las películas que comenzó esta visión con Las Brujas de Eastwick (1987), el resurgimiento de Hocus Pocus (1993) o La maldición de la bruja de Blair (1999), con esta idea de sentir en el momento la sensación de persecución que se volvería un must en el siglo XXI. Con la llegada del nuevo siglo, las brujas comenzaron a tener una presencia mucha más cotidiana, una de las reconocidas Hermione de Harry Potter, se convirtió en un modelo a seguir para su actriz Emma Watson al presentarse como feminista en unos momentos donde parecía una dirty word.

Las brujas ahora son todo lo que podemos ser: geniales, valientes, independientes, agresivas, asertivas, inteligentes, inconformistas, exploradoras, curiosas, liberadas, sexuales… podemos ser alegres, enojadas, indómitas e inmortales. Las vemos como poderosas hechiceras de los cuerpos como Tilda Switon en el papel de dos brujas y de Dakota Johnsson en la nueva Suspiria, pero también como el aspecto liberador en la obra de Robert Eggers con Anya Taylor-Joy al tratar de encontrarse a sí misma en una sociedad reprimida de 1630 en The VVitch.  Mientras que la directora Anna Biller, reivindica todos los aspectos creativos de la hechura de la bruja, desde la imagen de Elaine (Samantha Robinson) en The Love Witch como una heroína fascinante que oculta aspectos oscuros, hasta el diseño y el arte de la película como artefactos mágicos.

Con la llegada de gobiernos identificados con características fascistas, principalmente, por la intolerancia hacia lo diferente al heteropatriarcado, y donde las mujeres con voz propia son vistas como “brujas”, es necesario, reivindicarnos con ellas. En efecto, “somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar”, es por eso que en la cultura popular y, en especial, en la pantalla, desde el remake de series, como decíamos la nueva Sabrina, hasta el de películas clásicas como Suspiria (1977) resignificada por Luca Guadagnino en el 2018 o, The Witches de 1990 ahora en el 2020. Las brujas son una figura de resistencia. 

Las brujas son mujeres poderosas, eran capaz de sanar, de entender ese universo fuera de nosotros mismos, la primera bruja reconocida fue Hecate, la diosa de la magia y la astrología, y no fue sino hasta 1468, donde el término mostraba sus aspectos negativos en el libro Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas) del alemán Henrich Kramer, así en los siguientes siglos XVI, XVII y XVIII, la persecución de las mujeres solas, con dinero, con opiniones, fueron perseguidas y en muchas ocasiones asesinadas, recordemos el caso de las brujas de Salem en 1790. Sin embargo, en el siglo XIX comenzó un reclamo a la figura de la bruja con la llegada de las sufragistas. 

Para la generación milenial, hemos crecido con las más diversas brujas, pero con una característica: la reivindicación de los grupos minoritarios, pensemos en el #Metoo o en los grupos LGTB, recordemos una de las películas que comenzó esta visión con Las Brujas de Eastwick (1987), el resurgimiento de Hocus Pocus (1993) o La maldición de la bruja de Blair (1999), con esta idea de sentir en el momento la sensación de persecución que se volvería un must en el siglo XXI. Con la llegada del nuevo siglo, las brujas comenzaron a tener una presencia mucha más cotidiana, una de las reconocidas Hermione de Harry Potter, se convirtió en un modelo a seguir para su actriz Emma Watson al presentarse como feminista en unos momentos donde parecía una dirty word.

Las brujas ahora son todo lo que podemos ser: geniales, valientes, independientes, agresivas, asertivas, inteligentes, inconformistas, exploradoras, curiosas, liberadas, sexuales… podemos ser alegres, enojadas, indómitas e inmortales. Las vemos como poderosas hechiceras de los cuerpos como Tilda Switon en el papel de dos brujas y de Dakota Johnsson en la nueva Suspiria, pero también como el aspecto liberador en la obra de Robert Eggers con Anya Taylor-Joy al tratar de encontrarse a sí misma en una sociedad reprimida de 1630 en The VVitch.  Mientras que la directora Anna Biller, reivindica todos los aspectos creativos de la hechura de la bruja, desde la imagen de Elaine (Samantha Robinson) en The Love Witch como una heroína fascinante que oculta aspectos oscuros, hasta el diseño y el arte de la película como artefactos mágicos.