Contra el pronatalismo heteronormativo

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La decisión de ser una mujer libre de hijxs1, es personal y compleja. Es personal porque es nuestro cuerpo, la maternidad debe ser elegida, y por ello seguiremos luchando hasta conseguirlo. Es compleja por las narrativas que nos han contado la iglesia2, el Estado y el mercado entendido como el sistema económico. 


Durante años las mujeres hemos escuchado, leído, visto, y consumido narrativas pronatalistas con una perspectiva totalmente heteronormativa, es decir, el retrato de una familia perfecta: un hombre, una mujer y lxs hijxs. La conformación de una familia bajo una concepción súper reducida, sin dar cabida a nada distinto.


El Papa Francisco declaró en el 2014 “¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir de vacaciones a conocer el mundo, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo […] Pero quizá sea mejor –más cómodo– tener un perrito, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al perrito […] Y al final este matrimonio llega a la vejez en la soledad, con la amargura de la soledad […]”.  En el 2015, el Papa Francisco señaló que las personas que optan por no tener hijxs están siendo “egoístas”, ya que él habló de una “generación codiciosa” que está eligiendo no procrear. Lo que no reconoce es que él también decidió no tener hijxs, por distintas razones y motivos, pero al final decidió lo mismo que muchas mujeres estamos decidiendo. 


Sin embargo, estas narrativas pronatalistas están presentes en todos los ámbitos, públicos, privados y sociales. Fue hasta el 2013 que en la Ciudad de México se dejó de leer la epístola Melchor Ocampo en los matrimonios civiles. Esta epístola lejos del reconocimiento a las parejas del mismo sexo y la diversidad, reforzó los estereotipos de género señalando que “la mujer, cuyas principales dotes sexuales son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido, obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, […] Que ambos deben prepararse […] a la suprema magistratura de padres de familia, para que cuando lleguen a serlo, sus hijos encuentren en ellos buen ejemplo y una conducta digna de servirles de modelo.


Los Estados han contribuido en la promoción de una visión pronatalista a través de diferentes políticas públicas enfocadas en proveer los servicios suficientes para el cuidado de lxs niñxs, horarios de trabajo flexibles, trabajo remoto, así como en programas que otorgan estímulos y prestaciones por cada hijx. Alemania cuenta con el programa Elterngeld en el que las mamás y los papás pueden recibir al mes hasta un tope de 1,800 euros (casi 44,000 pesos), y el mínimo de 300 euros (poco más de 7,000 pesos). 


Los programas de child benefits se han extendido a distintos países -y, sin entrar en el debate si son o no necesarios- los estímulos han logrado que las personas se reproduzcan y así la carga económica para los Estados de mantener sistemas gubernamentales de salud y pensiones, y más recursos y tiempo para el cuidado de las personas adultas mayores, disminuirá. The graying of America, es un fenómeno que el Presidente de EE.UU. Joe Biden y el senador Mitt Romney quieren mitigar por medio de dos propuestas distintas de programas de child benefits


Finalmente el mercado, ha dirigido sus esfuerzos para alentar el consumo reforzando los estereotipos de género, al menos hasta hace algunos años no había inclusión. No obstante, las narrativas pronatalistas continúan. La mayor parte de la publicidad sigue enfocada en hablarle a mujeres adultas como si todas fueran mamás o quisieran ser madres. Maria Bailey, directora ejecutiva de la empresa de marketing BSM Media calcula que alrededor del 60% de todas las mujeres que aparecen en comerciales hacen el rol de madres, sin embargo las mujeres childfree también gastan un 35% más en comestibles por persona al mes que las madres. 

El discurso pronatalista heteronormativo lo hemos encontrado desde las películas animadas para niñxs donde el personaje de la mujer “sin hijos3 es una bruja, fea, vieja y abandonada, hasta en portadas de revistas que muestran a mujeres embarazadas de una manera poco realista. 


Ser childfree by choice no significa un disgusto por lxs niñxs. Ser una mujer libre de hijxs es simplemente eso, una mujer que eligió no tener crías y la decisión no debería ser tan compleja. Hay que liberarnos, quitarnos y deconstruirnos de esas narrativas impuestas, de esas narrativas que han sido un inception -muy sutil-, pero permanente, de esas narrativas que no nos son propias. 

Si quieres saber más del movimiento childfree by choice, escríbeme en IG a @iran_ben

 

1Hago énfasis en el término libre de hijxs, porque decir “sin hijxs” implica carencia o falta de algo. El término “libre de hijxs” implica la libertad de elegir. En inglés ocurre lo mismo, el término “childfree by choice” implica la libertad de elegir, mientras que el término “childless” implica falta de algo. 

2El propósito del artículo no es hacer un análisis exhaustivo de las diferentes religiones del mundo y sus posturas sobre la perspectiva pronatalista heteronormativa, por ello, solo referiré a dos ejemplos del representante de la iglesia católica. 

 3No por decisión, sino porque implica carencia o falta de algo.