Una gran historia: el rol reproductivo

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Todas tenemos al menos una gran historia que contar. Una de las mías, empezó cuando tenía 36 años y no sabía si quería ser madre de humanos. Muchas lo tienen muy claro, tengo amigas que son Susanita (Mafalda) que desde chiquitas sabían que querían el esposo, la casa, lxs hijxs y las mascotas; mientras que otras mujeres, saben que no quieren tener hijxs. Yo estaba en esa área gris, estaba por casarme con una gran persona y ambxs habíamos establecido que sería mi decisión. Sin embargo, pronto tendría que renovar el DIU y quería tener una claridad sobre si valdría la pena volvermelo a poner o no. 

Después de intentar conectar con mi voz interior, de hacer yoga, meditaciones, ir a terapia, ir con brujas, interminables pláticas con mi pareja y amigxs, seguía sin saber. Lo único que quería era que una vocecita me dijera “no, no quieres” o “sí, sí quieres”, pero nada, no escuché nada. Decidí seguir con las conversaciones con mis amigas, para conocer, escuchar y tratar de entender sus razones para tener hijxs, la verdad es que en ese momento todas mis amigas querían ser mamás, yo era la única que dudaba. Sin embargo, soy una convencida de que las grandes conversaciones nos ayudan a sostenernos y a construirnos, si tan solo platicáramos más lo duro, lo que a veces incomoda, esto nos ayudaría a vivir más libres de narrativas que no son nuestras. 

Preguntas como: ¿no te da miedo que tu cría haga lo mismo que nosotras hicimos en la pubertad? ¿cómo vas a dormir cuando llegue esa edad? ¿cómo piensas pagar el parto, las escuelas, los viajes, las consultas médicas? ¿vas a dejar de trabajar? ¿vas a vivir en esta ciudad? ¿cómo harás cuando tu relación de pareja cambie? ¿cómo manejarás la aprehensión? ¿estás lista para pasar a un segundo plano?, se las hacía a mis amigas y a mi.

Había días que trataba de imaginarme como madre de humanos, pero no encontraba mucha emoción y me preguntaba por qué no me hacía sentido la frase que alguna vez había escuchado “va a llegar el día en que vas a querer ser mamá, ahorita no, estás muy jovén, pero ya verás, algún día llegará”. Para ese momento, tenía 37 años, estaba casada, claramente no era una escuincla, y me emocionaba más hablar de mis perrihijas. Pasaron los años, mis amigas empezaron a embarazarse y yo a ser tía de varixs sobris, a lxs cuales amo y disfruto ver.

Después de un largo -y a veces frustrante- proceso, me di cuenta que tuve que desaprender sobre las historias y frases que me habían contado, sobre esas ideas y concepciones de la maternidad que nunca habían sido mías. Narrativas que por cierto, algunas son parte del sistema heteropatriarcal en el que vivimos, son tan sutiles, tan comunes, que las personas no las cuestionamos. Al final, después de casi tres años, liberada de ideas no propias, logré escuchar y conectar con mi propia voz, con mis propias historias, y supe que no quería ser madre de humanos, ni procreando ni adoptando, ni de ninguna otra forma. 

Definitivamente ser feminista me permitió liberarme no solo de narrativas que no eran mías, sino de la presión, de las expectativas, de los estigmas y estereotipos, así como de una visión que normaliza el rol de las mujeres a un rol reproductivo. Ahora soy parte del movimiento childfree by choice, porque lo más importante es poder decidir sobre nuestros propios cuerpos y construir nuestras propias historias.  

¿Cuál es su historia?

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